Bienvenidos a Armadillos Voladores

Este es un espacio de opinión dedicado al mundo de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ). Aquí encontrarán algunos artículos, reseñas y enlaces de gran utilidad.


¡Feliz lectura!


miércoles, 20 de abril de 2022

Tres razones por qué leer Literatura


Con motivo del Día del Idioma, el valor de la lectura, una vez más, vuelve a tener relevancia en el ámbito escolar, cultural y para la opinión pública. El siguiente artículo es un pequeño recordatorio sobre los beneficios que nos brinda leer, especialmente, literatura.


Con frecuencia escuchamos que leer es una actividad imprescindible, que leer desarrolla nuestro intelecto, aumenta nuestro vocabulario, contribuye a mejorar nuestra capacidad de comunicación oral o escrita, nos permite acceder a información y conocimientos sobre diversas áreas o nos ayuda a lograr un mejor desempeño en el colegio, la universidad o el trabajo. No cabe duda que leer reporta múltiples beneficios. Pero más allá de hacer cualquier tipo de lectura, esta es una invitación a leer Literatura.

Leer Literatura supone algo muy distinto a leer cualquier otra clase de textos con infinidad de propósitos (aunque todos ellos sean muy válidos). La Literatura nos adentra en un territorio único y especial, donde emergen mundos que solo existen en el papel. A base de palabras, los escritores crean personajes, lugares y situaciones que de alguna forma se asemejan mucho a la vida y que, sin embargo, solo existen en la mente y la imaginación humanas. La sustancia de la literatura son las historias y también el lenguaje mismo con que ellas se cuentan.

Me gustaría comentar brevemente por qué leer literatura. Por supuesto existen muchas otras razones, pero aquí solo mencionaré tres de ellas.


Caperucita Roja ilustrada por Margaret Tarrant

1. La literatura estimula la imaginación


Pareciera demasiado evidente como para mencionarlo, pero cuando leemos literatura la mente debe hacer a un lado sus propios pensamientos, hace el trabajo no solo de entender y dar sentido a lo que lee, sino que además debe imaginar.

Mientras que el escritor ya ha hecho su parte al terminar una obra, ésta vuelve a crearse en la mente de cada lector. Una obra literaria cobra vida solo cuando alguien la lee. Es decir, es el lector quien debe volver a crearla en su cabeza. Así que el lector participa también en el acto de creación.

Cuando vemos una película, por ejemplo, el espectador asimila e interpreta un mensaje audiovisual que ya está dado y con una forma definitiva. El mundo de la historia es el que se ve y escucha, y el espectador no tiene que imaginar nada más a parte de lo que ya está allí. Pero al leer la cosa es muy distinta. Nuestra mente se esfuerza por descifrar, representar e imaginar lo que lee. La mente inventa y construye el mundo de estas historias, sus personajes y las situaciones a las que se enfrentan, partiendo tan solo del lenguaje escrito. Con esto no quiero decir que la literatura esté por encima del cine, de ningún modo, sino que al leer literatura se desencadenan procesos mentales distintos. Durante la lectura literaria se ponen en juego diversas facultades de la mente: concentración, abstracción, interpretación, reflexión y también capacidad para crear e imaginar.

El lector usa su imaginación para representar a los personajes y el mundo de la historia. A veces a partir de pocos elementos, debe llenar los vacíos y crear imágenes propias. En el cuento de “Caperucita” de los Hermanos Grimm, por ejemplo, apenas se esbozan unos cuantos rasgos del personaje: una niña (quién sabe de qué edad y aspecto), su atuendo con caperuza roja (que le da su nombre) y algo de su carácter dulce y también desobediente. Con tan pocos elementos el lector goza de la libertad de representarla como quiera. Esto lo podemos constatar a través de las diversas ilustraciones que se han hecho de Caperucita Roja a lo largo del tiempo. Para los artistas y los ilustradores, llenar estos vacíos supone un ejercicio de creatividad e imaginación, algo muy similar a lo que ocurre en nuestra cabeza como lectores.

En la literatura el lector debe aportar con sus propias imágenes a la creación de la obra. La literatura expande nuestra imaginación y nos abre a nuevas posibilidades de invención.

2. La literatura despierta empatía


Al leer literatura nos ponemos en la piel de los personajes y, por un tiempo limitado, nos convertimos en el otro.

Si bien es cierto que los personajes no son personas que habitan el mundo real, el artificio de la literatura consiste en hacernos creer que sí podrían existir personas que actúan, sienten y piensan de manera muy similar. A través de los personajes en la literatura, se nos permite explorar una amplia gama de emociones, estados de ánimo, motivaciones, pasiones, intereses o preocupaciones, y concebir cómo los seres humanos podrían responder ante diversas situaciones, aunque éstas sean solo imaginarias.

De esta forma, la literatura despierta empatía y comprensión hacia la humanidad. Las historias pueden ser ficción e incluso estar muy alejadas de la realidad (las obras de fantasía serían el caso más extremo), sin embargo, nos permiten hacer el ejercicio de compartir y entender un punto de vista muy distinto al nuestro, una capacidad que solo los seres humanos podemos tener.

En Colmillo Blanco, de Jack London, se nos invita a participar de las vivencias de un lobo en la inhóspita Alaska. Está claro que el lobo no es un personaje humano y en la obra no se confieren rasgos de una personalidad humana, sin embargo, en Colmillo Blanco, nos vemos abocados a observar, entender y compartir el comportamiento del animal. La obra despierta nuestras emociones hacia el personaje, y nos hace preocuparnos por su situación y su destino. Despierta nuestra propia humanidad, nos hace más sensibles y empáticos. La literatura nos permite experimentar lo que es ser otro, sin dejar de ser nosotros mismos.


 

Colmillo Blanco de Jack London

3.  Una experiencia que enriquece la vida

 

Con frecuencia me pregunto ¿qué pasaría si no leyéramos literatura? ¿De verdad nos estaríamos perdiendo de algo? En lo personal, el mundo –sin las artes y la literatura sería más triste y reducido. 

Al no leer literatura nos perdemos de algo vital, nos privamos de descubrir nuevos aspectos de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, porque la literatura es una experiencia que amplifica y enriquece la existencia.

Como explica Louise M. Rosenblatt, en su magistral libro La literatura como exploración: “La literatura contribuye a ampliar la experiencia. Por medio la literatura participamos en situaciones imaginarias, vemos a los personajes experimentando crisis, nos exploramos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.” (2002: 64)

Y esto no es solo porque la literatura pueda brindar información útil o conocimientos sobre la vida, las personas, el mundo, la historia, etc., sino porque a través de la literatura se nos ofrece la posibilidad de tener otras experiencias, de pensar de formas inesperadas y de llevar otras vidas distintas a la nuestra. La literatura enriquece lo que sabemos y conocemos, pero no de forma meramente intelectual, sino a través de historias que nos atrapan por completo y nos transforman.

La literatura es una fuente inagotable de historias donde se despliega la creatividad y el ingenio humano. Hay variedad de historias para todos los gustos e intereses, pero su rasgo más importante es su capacidad única de involucrarnos de manera personal y de aportar sentido a la existencia humana. En palabras de Robert McKee: “Las historias no son una huida de la realidad sino un vehículo que nos transporta en nuestra búsqueda de la realidad, nuestro mejor aliado para dar sentido a la anarquía de la existencia.” (1997: 29)

Volviendo al ejemplo de Colmillo Blanco, en lugar de leer esta novela mejor podríamos leer artículos, ensayos o libros informativos que nos ayuden a conocer el comportamiento de los lobos en Alaska y a profundizar sobre sus hábitos de vida. Eso estaría muy bien si lo que deseamos es solo conocimiento e información. Pero la experiencia literaria nos da la oportunidad de sumergirnos en una historia donde llegamos a compenetrarnos con el lobo, sufrir con él sus desventuras y habitar ese mundo especial, duro y salvaje, que Jack London ha creado para nosotros. A esto se suma la forma particular como el autor emplea el lenguaje literario, la belleza de su prosa y de sus imágenes. En definitiva, leer literatura nos permite acceder a una experiencia más rica, y muy distinta a la que otros textos nos pueden ofrecer.

No cabe duda que existen muchas otras razones por qué leer literatura, y tal vez conviene recordarlas cada vez que pensemos que podríamos estar leyendo algo diferente. 

¿Cuáles son sus razones para leer literatura? 

Todos sus comentarios son bienvenidos. 


lunes, 18 de abril de 2022

Las Bahamas no están tan lejos

 




Comparto con ustedes mi nuevo libro: Las Bahamas no están tan lejos (Enlace Editorial). Con ilustraciones de Valentina Toro.


Sinopsis

El señor Buenaventura quiere darle el mejor regalo a su esposa por motivo de su aniversario, así que decide comprar un par de loros: Lalo y Lelo, un par de amigos cuyo sueño es vivir en las Bahamas. 

Los lectores de esta aventura descubrirán cómo este par de intrépidos amigos lograrán cumplir su sueño, aun teniendo que estar encerrados en una jaula.

Disponible en:





viernes, 23 de febrero de 2018

Cuentos para NO dormir



Cuentos para no dormir (2018), Eleonora Guerrero Quijano
con ilustraciones de Daniela Gallego

No es difícil encontrar libros para antes de dormir, con historias inviten a sus lectores a tener imágenes apacibles o felices para conciliar el sueño, pero al escribir Cuentos para no dormir (2018) deseaba conseguir el efecto contrario, quería que el lector se sintiera asustado, perturbado o incómodo y sin ningún deseo de volver a la cama. ¿Hice bien la tarea? Espero que sí, aunque esto lo decidirán los lectores. En esta entrada les contaré algunos detalles sobre el contenido del libro y su escritura.

Si están interesados en Cuentos para no dormir (Editorial Libros & Libros, 2018)se consigue a través de la página de la editorial, directamente en las librerías Panamericana (Bogotá) y próximamente estará disponible en la librería Camino A Casa (Pasto).



Acerca de los Cuentos para no dormir


Para empezar nos encontramos con con Alejandro, un niño huérfano, miedoso por naturaleza y víctima de los abusos de sus compañeros de internado. La vida de Alejandro resulta dura y solitaria hasta que conoce al sombrío profesor Edgar Mortíferus, un hombre maduro y solterón que vive en una casona descuidada y rodeado de una enorme colección de libros de terror, la mayor colección de este género que se haya visto hasta el presente.

El profesor Edgar, que es un verdadero erudito de la literatura macabra, consigue que Alejandro se vuelva adicto a este tipo de historias y al mismo tiempo le ayuda a enfrentar sus propios miedos.

Lo más interesante es que Alejandro, convertido en fantasma, es el que nos cuenta la historia de su vida, su amistad con el profesor Mortíferus y cómo ahora tiene la misión de salvar la biblioteca de la destrucción.

El relato de Alejandro tan solo se ve interrumpido por los siete cuentos que componen el libro. Esta forma narrativa, una historia que enlaza otras historias, significó un desafío personal ya que deseaba que la historia de Alejandro mantuviera al lector en suspenso de comienzo a fin, y el misterio de lo que sucedió con el protagonista y el profesor Edgar es un enigma que sólo se llega a descubrir hasta el final.

El recurso de historia enmarcada es ya bien conocido de Las Mil y Una Noches o El Decamerón y otros clásicos de la literatura, pero en el caso de Cuentos para no dormir debo admitir la influencia directa del autor británico Chris Priestley. La lectura de los Cuentos de terror del Barco Negro y especialmente de Cuentos de terror del tío Montague de Priestley fue un potente detonante creativo.

Desde luego tampoco puedo dejar de estar en deuda con los clásicos del género, sobre todo con el inmortal maestro Edgar Allan Poe (a quien rindo homenaje con el juego de nombres y otros detalles en las historias), Bram Stoker y su inolvidable Drácula (cuya forma narrativa es alucinante) y con el fantástico e inagotable Ray Bradbury. De esta manera, las distintas lecturas de terror y de fantasmas acumuladas a lo largo del tiempo fueron los andamios para el desarrollo de esta obra.

"La inundación", "Limpieza profunda", "La consulta", "Adorada mascota", "La sábana", "Día de campo" y "Tan solo un nombre", son los títulos de los cuentos que componen este volumen. En ellos encontrarán personajes siniestros y monstruosos, espectros del más allá, seres malvados y ánimas sin reposo. Tanto la atmósfera enrarecida como el desenlace en punta de cada historia son elementos fundamentales, pero es posible que lo más difícil haya sido, en algunas historias, encontrar el equilibrio entre lo macabro y lo abiertamente sangriento que puede llegar a molestar a algunos lectores.

"La inundación" y "Día de campo", por ejemplo, fueron dos historias que necesitaron ajustes tras una minuciosa lectura por parte de mi editora, que consideraba que algunos fragmentos podían llegar a ser muy truculentos.


Si bien es cierto que algunas obras del género de terror para adultos pueden desplegar todos los detalles más horrorosos y sangrientos que puedan ocurrírsele a un escritor (por ejemplo en el "gore" está completamente permitido ser descarnado), al pensar en un público más joven, y especialmente en el ámbito escolar, la exposición a este tipo de material no deja de ser un tema de discusión permanente.

La medida de lo explícitamente violento o desagradable varía en cada editor y en cada colección de literatura, y sería muy difícil lograr un consenso al respecto, pero más que entrar en los consabidos debates de "si debería leerse esto o aquello", quiero hablar de la importante lección que aprendí de este trabajo. 

En lo personal constaté que la insinuación puede llegar a ser más efectiva que el despliegue abierto de lo sangriento y que, aunque lo que se considera macabro o desagradable es muy subjetivo, siempre se requiere un mayor esfuerzo por parte del escritor insinuar lo terrorífico y lograr que la imaginación del lector se ponga en marcha.

Y aunque reconozco que la intención de estos cuentos es causar todo tipo de escalofríos y diversos matices del miedo, considero que el contenido de la obra va más allá de aquellos detalles escabrosos que erizan el vello. También  hay temas e ideas que un lector atento sabrá descubrir y saborear. La naturaleza misma del miedo y la superación del miedo, por ejemplo, son algunos temas que atraviesan el libro.


Ilustración de Natalia Gallego en Cuentos para no dormir (2018)

Ahora bien, el hecho mismo de que el libro de los Cuentos para no dormir haya sido aceptado al interior de un plan lector, que se mueve casi exclusivamente el entorno escolar, no deja de sorprenderme porque suele existir gran prevención hacia los relatos con tintes negros o siniestros.

Su inclusión en el plan lector es un síntoma saludable de que se está abriendo paso a diversos tipos de historias en nuestro medio escolar y permitiendo que los lectores puedan aproximarse a variados géneros siempre y cuando no se descuide la calidad literaria.

Por otra parte, las ilustraciones hacen un magnífico trabajo de interpretación de las historias. Al tratarse de un libro para lectores más avanzados, tiene tan solo siete ilustraciones (una por cada historia) que son un abrebocas para cada capítulo. 

La ilustradora, Daniela Gallego, emplea el dibujo a lápiz como medio de expresión,  destacando e iluminando detalles y texturas a los que se puede volver tras una segunda lectura de las historias.

En esta entrada reproduzco algunas pocas ilustraciones que, sin restar mérito a las demás, me gustan por su expresividad, encuadre, ambientación y uso de la técnica. 

En el cuento de "La Sábana", por ejemplo, la ilustradora escoge la escena en que el personaje del cuento busca en un armario ropas para crear su propio disfraz de Halloween. El encuadre es un acierto, que nos muestra la escena en picada, y nos ubica por encima del personaje dándonos una visión global y ventajosa sobre todo lo que puede haber en este mueble. 



Ilustración de Natalia Gallego en Cuentos para no dormir (2018)

El niño, por su parte, dirige su atención hacia una sábana blanca que está en uno de los entrepaños superiores, bien iluminada por un bombillo, y que se destaca del resto de las telas y materiales por su blancura y mullida textura; entre tanto, nuestra atención también se dirige hacia ese extraño ojo que se deja ver a medias en el fondo del armario. 

En este caso, la ilustración constituye una interpretación de la historia, insinuando que hay algo más allá de lo que el personaje puede reconocer entre ese mundo de ropas y objetos olvidados, algo que puede ser imposible e inesperado. 


Ilustración de Natalia Gallego en Cuentos para no dormir (2018)

Cuentos para no dormir (2018) fue consolidándose a paso lento, y aunque podría decir que las situaciones y personajes de las historias surgieron como una fugaz iluminación, en cambio, el proceso de reescritura y edición fue mucho más largo y accidentado, con muchas lecturas y lectores. Ahora, ya terminado, este libro solo espera el encuentro con un público que esté dispuesto a desvelarse. 

Si lo desean, pueden escribir sus comentarios y opiniones sobre Cuentos para no dormir (Editorial Libros & Libros, 2018) al final de esta entrada. 

El libro está disponible a través de la página de la editorial Libros & Libros, directamente en las librerías Panamericana (Bogotá) y próximamente estará disponible en la librería Camino A Casa (Pasto).

Saludos,

Eleonora


sábado, 14 de octubre de 2017

Pippi Calzaslargas: ¿Libertad extrema?


A propósito de la reciente lectura de Pippi Calzaslargas para mi clase de Historia de la LIJ, comparto con mis estudiantes, y también con los lectores, algunas notas que tenía guardadas sobre este emblemático libro de la literatura del siglo XX. Por supuesto todos sus comentarios son bienvenidos.

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Este libro, originalmente conocido como Pippi Längstrump en sueco, Pippi Longstocking en inglés, y traducido al español como Pippa o Pippi Calzaslargas, desde su aparición en 1945 ha suscitado todo tipo de reacciones: aplausos entusiastas y también duras críticas hacia el comportamiento de su protagonista femenina, Pippi. 

Su autora, Astrid Lindgren, tampoco se ha quedado al margen de la polémica al crear una heroína con "exceso de libertad" y que a menudo deja muy mal parados a los adultos que se enfrentan a ella. 

Pippi Calzaslargas es un libro que podría leerse como una defensa de la educación que se basa en el juego, en el libre albedrío, y en el cuestionamiento de la autoridad y del uso de la fuerza para someter a los niños a la voluntad y deseos de los adultos. Además, el comportamiento de la protagonista ironiza sobre ciertas reglas que los niños tienen que aprender desde temprana edad para su funcionamiento en la familia y en la sociedad.

Aunque no cabe duda de que libro permite distintos tipos de lecturas, en este apartado me gustaría concentrarme en el singular personaje de Pippi Calzaslargas, de su relación con la escuela y la autoridad adulta, para terminar con una reflexión abierta a los lectores sobre la vigencia temática de esa obra en el siglo XXI.  

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Definiendo a Pippi


Pippi es una niña extraordinaria, que vive en una pequeña cabaña en compañía de su mono, Mr. Nelson, y de un caballo moteado que permanece en el antejardín de su casa.  La historia nos cuenta que es hija de un capitán, que ha vivido en un barco la mayor parte de su vida (lo cual explica algunos de sus comportamientos y habilidades), y que ha conocido diversos lugares del mundo y sus costumbres. 

Su madre está en el cielo, y su padre se perdió en un naufragio y Pippi cree que a lo mejor está en alguna isla caníbal y lo han nombrado rey de los caníbales. De tal manera que Pippi vive sola en su cabaña a las afueras del pueblo. Pero la soledad de la niña, en lugar de parecer una tragedia, es vista como una ventaja:

“No tenía padre ni madre, lo cual era una ventaja, pues así nadie la mandaba a la cama precisamente cuando más se estaba divirtiendo, ni la obligaba a tomar aceite de hígado de bacalao cuando le apetecían los caramelos de menta.” 



En pocas palabras, al verse libre de sus padres o de cualquier otra autoridad adulta, Pippi no obedece a nadie, y es completamente autosuficiente: “yo sé cuidarme solita”, nos dice. Pero uno se preguntaría cómo una niña de nueve años puede valerse por sí misma. Ahí, precisamente, radica el poder y fascinación del personaje.

Primero que todo Pippi posee una fuerza increíble. Es capaz de levantar y mover su caballo como si de una ficha de ajedrez se tratara, sin ningún esfuerzo. Además es ágil y temeraria. Se sube a los árboles y tejados con la habilidad de un acróbata.

Tampoco tiene problemas de dinero porque Pippi posee una maleta llena de monedas de oro para solventar todos sus gastos. Entonces su independencia proviene de su increíble fuerza física y su estabilidad económica. 

Pippi también es una gran fabuladora e inventa historias fantásticas sobre costumbres en pueblos lejanos, pero siempre reconoce que estas son solo historias y reprende a los niños cuando la toman demasiado en serio: “no hay que creer todo lo que te dicen”, les advierte, lo cual nos deja entrever que también es capaz de distinguir sus propias fantasías del mundo real. 


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Pippi al mando

Por otra parte, Pippi no posee una educación convencional y en consecuencia no hace las cosas como las harían los demás, sino como a ella le parecen.

Si duerme, por ejemplo, lo hace poniendo los pies en la almohada y la cabeza entre las cobijas. Si toma el té, lo hace sobre un árbol y ni siquiera se molesta en bajar la vajilla, sino que la tira. Se acuesta a la hora que le provoca y descansa en cualquier momento del día.

Estamos ante una protagonista que no sólo desatiende las reglas y rutinas, sino que además disfruta del mundo sin los límites que los adultos han creado para su funcionamiento. Y este modo único de hacer las cosas, es el regalo que les ofrece a sus amigos, Tommy y Anika, dos niños que viven en una casa al lado de la cabaña de Pippi, y que llevan unas vidas más convencionales y corrientes.


Cuando Pippi entra en las vidas de estos dos niños, todo lo que hace con ellos se convierte en una experiencia divertida y salida de lo común: tomarse el té subidos en un árbol; hacer galletas en el suelo de la cocina; limpiar el piso con un par de cepillos a modo de patines; buscar cosas viejas y darles otro uso.

Pippi no solo se propone como un personaje creativo y juguetón, sino que cuestiona nuestra propia manera rutinaria de hacer las cosas. En cierta forma su comportamiento es subversivo porque muestra que las normas pueden frenar la imaginación infantil y limitar las posibilidades de desarrollo de los niños, impidiéndoles actuar con iniciativa propia.

Por otra parte, la narración pone en entredicho aquello que se permite y que no se permite hacer. En su cumpleaños, por ejemplo, Pippi no sólo recibe un regalo sino que da regalos a Tommy y Anika, interpelando a los personajes (y también al lector): “¿Quién dice que no se puede hacer?” 

Gracias a sus ocurrencias y a su personalidad irreverente, sus compañeros de juego reconocen que con ella nada es aburrido. Sin embargo, vale la pena resaltar que la subversión de Pippi es limitada. A pesar de todas las críticas que ha recibido el personaje de parte de educadores y psicólogos, ella nunca anima a sus amiguitos a que adopten su estilo de vida, o que se independicen totalmente de sus padres o que, por ejemplo, dejen de asistir a la escuela.

El personaje de Pippi más bien podría leerse como una celebración de la libertad que debería existir en la infancia, el derecho a la experimentación, a la imaginación y al juego libre, pero no llega al extremo de querer acaba8r con la sociedad y sus instituciones. 

De este modo, Pippi, por más irreverente que su comportamiento nos pueda parecer, está lejos de ser una anarquista dispuesta a incendiar el mundo para defender su forma de vida. Por el contrario, aunque sigue su propio derrotero, se muestra bastante responsable con sus dos amigos, y es solidaria con otras personas cuando la situación lo requiere.  Por ejemplo, al final del libro, sube a rescatar a los niños en un edificio en llamas, pero después de lograr su objetivo aprovecha la situación para hacer monerías y pasarla bien. 


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Pippi y la escuela

Mas el gran drama de Pippi es no saber comportarse en sociedad. El hecho de haber estado al margen de una educación estándar, se pone en situaciones difíciles como el asistir a un té en casa de sus amigos, donde termina saboteando la reunión con comentarios humorísticos.

Por eso cuando decide ir al colegio, por iniciativa de Tommy y Anika, es un verdadero fiasco. Ella sencillamente no encaja: trata a la profesora con familiaridad, tuteándola, sabotea las clases con sus comentarios inoportunos, y no es capaz de cumplir cabalmente con las tareas que se le piden.

Por ejemplo, si la maestra le pregunta “¿cuánto es 8 y 4?”, Pippi responde tranquilamente que si ella ya sabe de antemano la respuesta para qué tiene que preguntárselo. Y cuando la maestra dice que “7 y 5” también son “12”, Pippi se queja de la falta de consistencia, ¿luego 8 y 4 no eran también doce?

Los diálogos entre la maestra y Pippi son especialmente divertidos y las ocurrencias de la protagonista nos pone a pensar si estamos ante una niñita bastante ingenua o si en verdad su propósito es  desacreditar las enseñanzas y los métodos de la escuela. 

Sea cual sea el plan de Pippi (si es que lo tiene) es que la escuela se muestra como un espacio limitado para el espíritu y carácter de los niños. ¿Será que los contenidos que allí se enseñan son realmente pertinentes y relevantes? ¿Qué hay de los métodos que emplean los profesores para promover el conocimiento? ¿Acaso sus actividades restringen las habilidades y disminuyen el entusiasmo de los niños?  Todos estos interrogantes se plantean a diario, no sólo en los terrenos de la literatura, sino también en la pedagogía; lo que el libro de Pippi hace, es empujarnos a pensar en estas cuestiones y en que la renovación de la escuela y sus didácticas sigue siendo un tema crítico hasta hoy.

Al final Pippi decide que lo mejor de la escuela son las vacaciones, y entonces se marcha en su caballo a todo galope; porque si no hay mucho que este espacio pueda ofrecerle a su personalidad libre, esta decisión resulta bastante comprensible.

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Adultos en ridículo

Pippi es experta en hacer quedar en ridículo a los adultos de varias maneras. Bien sea con sus respuestas por completo inesperadas o con su fuerza sobrehumana. Esta última forma, me parece que es el rasgo más subversivo de Pippi porque los grandes no consiguen hacer que se someta por completo a sus órdenes y en consecuencia les quita todo poder

Sabemos (por muy deplorable que esto parezca) que uno de los métodos que se han empleado a lo largo de la historia para someter la voluntad de los niños es a través del uso de la fuerza y el castigo físico. 

El adulto con frecuencia se impone, y  al hacer uso de su ventaja física consigue dominar al niño, someterlo y disminuir su ímpetu. Es una situación de desigualdad, donde siempre hay un vencido (y éste desde luego es el niño).  Pero en Pippi Calzaslargas, el poder físico de los adultos queda totalmente anulado. 

Los adultos que quieren imponerse a la niñita no lo consiguen porque ella es incluso más fuerte físicamente que ellos, y al ser un adversario casi imposible de vencer, los métodos de los grandes quedan totalmente desacreditados.

Pero en el libro no estamos ante un espectáculo de confrontación directa. En la historia, todo ocurre de una forma tan graciosa y pacífica, que los personajes adultos ni siquiera tienen tiempo para asimilar lo que les ha pasado: a los policías que intentan llevarla a una institución para niños, Pippi los coge de los cinturones y los pone fuera de su casa, y a los vagos que intentan robarle, los hace bailar y tocar una polca hasta el cansancio. Pippi no es violenta o malvada con ellos. Su actitud es burlona, juguetona, y a todos los recompensa con algo de comida, bien sean sándwich o galletitas. 

Esta forma de subversión deja mal parados a los personajes adultos porque no consiguen doblegar a la niña, ni tampoco ofenderla ya que ella les responde con humor y hasta con cortesía. Así que el modo de proceder de Pippi conlleva a cuestionar los mecanismos de autoridad que emplean los adultos para llevar a cabo sus propios planes o a la hora de decidir qué es lo más conveniente para los niños.

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Pippi contra las cuerdas

A los niños lectores les encanta el personaje de Pippi. Una prueba de ello es que la obra sigue en imprenta en varios países y ha sido traducida a distintos idiomas. También se hicieron series de televisión y películas sobre ella. 

Su éxito no es de extrañar porque la libertad con que vive Pippi puede llegar a ser muy deseable. Pippi hace lo que le provoca cuando le provoca, no cumple reglas, ni horarios, ni es castigada, ni se le hacen prohibiciones. Un sueño para todo niño (o incluso adulto). Pero Pippi goza de una libertad que a los ojos de muchos puede resultar peligrosa. Hay quienes han visto en ella un modelo inadecuado o nocivo para los niños. 

En la página oficial de Astrid Lindgren se dice que el debate comenzó cuando un profesor de psicología dijo que el libro carecía de gusto y que Pippi se comportaba como si estuviera “mentalmente enferma"; los niños corrían el riesgo de ser inspirados por eso. Astrid Lindgren entró en el debate defendiendo el derecho de los niños a descubrir el mundo por sí mismos. Ella misma acuñó la frase que ha sido citada en numerosas ocasiones: “denle a los niños amor, más amor y aún más amor –y el sentido común vendrá por  mismo.”

Estaba claro que para Astrid Lindgren la forma de educar a los niños no era a través de la represión y el castigo, sino de otorgarles libertad y permitirles ser ellos mismos. Lindgren fue una acérrima defensora de los derechos infantiles, y sus artículos y ponencias lograron que se suprimiera el castigo físico tanto en Alemania como en Suecia.

Por otra parte, cuando se empezaron a hacer traducciones del libro alrededor del mundo, se mostró una preocupación porque éste pudiera ser dañino y peligroso, por tanto, se alteraron varias partes en aras de “proteger a los lectores”, tanto en las versiones en alemán como en francés. 

En francés, por ejemplo, se cambia el caballo por un pony, y en alemán,  cuando Pippi está jugando con Anika y Tommy con unas armas que se han encontrado en el ático de la casa de Pippi, ella ofrece un discurso en el cual dice que éstos no son juguetes aptos para niños y vuelve a ponerlas en su sitio. En el texto original, Pippi les entrega a sus amigos armas sin cargar.

Es sorprendente que en inglés no se hayan hecho modificaciones radicales al texto original, tal vez porque como señala la académica Emer O’Sullivan, Lindgren tiene influencias de la literatura inglesa y su heroína comparte similitudes con otros personajes de la literatura infantil británica, que también se muestran independientes e imaginativos.

En 1995 volvió a surgir el debate con respecto al libro. "El culto a Pippi" se consideró el causante de la falta de madurez de muchos jóvenes, y hay quienes insisten en que los libros glorifican el egoísmo y el egocentrismo, impidiendo así madurar a sus lectores.

Por último, la forma como Pippi maneja a la policía suscitó debate en China en el 2008, y hasta hoy en día continúan las discusiones acerca del personaje y su conducta poco respetuosa hacia la autoridad.


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Pippi Calzaslargas en el siglo XXI

Me gustaría señalar que el libro tiene una resonancia con la época en que fue escrito y publicado, es decir, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial y en la época de posguerra, infundiendo a las jóvenes generaciones un halo de esperanza después de un largo periodo de pesimismo, devastación e incertidumbre hacia el futuro. 

La historia de Pippi arroja una confianza en la infancia, en la fuerza de los niños para enfrentarse al mundo con sus propios recursos (imaginativos, de juego y humor), y el deseo de concederles la seguridad para descubrir y modelar su entorno por sí mismos, sin restricciones o represión.

Por otro lado, la historia de Pippi tiene como trasfondo el pensamiento antiautoritario que cobrará fuerza a lo largo del siglo XX, donde se reevalúan no sólo los sistemas políticos, sino la educación coercitiva y la relación de poder vertical entre adultos y niños. 

Muchas otras obras de la literatura infantil y juvenil también se instalan en estos terrenos de pedagogía antiautoritaria, como Konrad (1977) de Christine Nöstlinger, y tienen una deuda con Pippi Calzaslargas.

Si acaso Pippi Calzaslargas continúa siendo una lectura vigente, es un asunto que puede cuestionarse a la luz de las ideas del momento y de sus lectores. Sobre todo al observar cómo el pensamiento político autoritario está cobrando fuerza, de nuevo, en Europa y otros lugares del mundo

Pero cabría hacer una reflexión final: en una sociedad como la nuestra, los maestros y padres se enfrentan a una generación de niños y jóvenes que han crecido a sus anchas y prácticamente sin autoridad; en ese caso, ¿continuaría teniendo validez el discurso educativo antiautoritario de Pippi Calzaslargas

Sería interesante conocer sus puntos de vista al respecto. Por lo pronto, no sobra decir que estamos ante una de esas obras imprescindibles en la historia de la literatura infantil, y que, por diversas razones, su lectura no deja de ser una fuente de placer y también de controversia.