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¡Feliz lectura!


domingo, 23 de diciembre de 2012

Feliz Navidad con Dickens




Estampilla con ilustraciones de Quentin Blake

Este año se conmemoró el bicentenario de nacimiento del autor británico Charles Dickens y no queremos despedir el año y menos la Navidad, sin recordar una lectura de temporada: Canción de Navidad.


Mucho se ha hablado de esta pequeña obra (pequeña por su extensión, no en sentido peyorativo) y en diversos sitios en la web encontrarán cantidad de reseñas, adaptaciones y caricaturas sobre ella, pero lo curioso de todo esto es que siga dando de qué hablar; es como si no pasara de moda ya que todos los años se vuelve a ella.

Y es que el señor Dickens creó una historia que tuvo una inmensa popularidad más allá de sus fronteras culturales ¿pero por qué tal éxito? Yo diría que tiene varios ingredientes que la convierten en un irresistible best seller. Me atrevo a hacer una corta lista  de los puntos que me llaman la atención y que tal vez nos siguen tocando de manera personal en nuestros días. Veamos:

1. Un villano capitalista: 

Primero que todo Ebenezer Scrooge (el protagonista de esta historia) es un nombre sonoro y un ícono de la cultura anglosajona (personajes como Tío Rico y Mr. Burns se inspiran en él). Retratado  como un ser despreciable, incluso desde su apariencia física: magro, de facciones filudas y desgarbado. Ebenezer ostenta un nombre de origen judío; ¿gratuito? No lo creo. (A los judíos les han creado una mala fama de prestamistas y avaros -un estereotipo tal vez-, pero también es cierto que los hombres más ricos que manejan los créditos y la banca han sido por tradición judíos). ¿Y qué hace Ebenezer Scrooge? Prestar dinero con altos intereses, especula con acciones y administra propiedades. En pocas palabras, es un hombre con poder económico, al que solo le preocupan las ganancias y hacer cada vez más dinero. 

Y este hombre, que solo piensa en acumular, únicamente honra al dios dinero. Una postura válida para el siglo XIX, época en que estaba robusteciéndose el capitalismo de la mano de la industria, y doblemente válido para nuestra época postindustrial y de un neoliberalismo sin frenos. Seguro que en algún momento de nuestras vidas todos nos hemos topado con un Scrooge (sea judío o no, porque esto de la ambición y la avaricia no es de cultura o raza, es una característica humana en un entorno donde el dinero es considerado un sinónimo de poder, felicidad y éxito). Para el tacaño y amargado de Scrooge ninguna cantidad es suficiente y entonces poco se diferencia de algunos de nuestros ricos o magnates contemporáneos.


Michael Caine interpetando a Ebenezer Scrooge en
Canción de Navidad de los Muppets, 1992.

Creo que el acierto de Dickens es lograr crear un personaje repulsivo y verosímil, producto de un sistema que todos bien conocemos (el capitalista), y al tiempo que nos muestra su desgracia y soledad (ya sabemos de sobra que el dinero no lo es todo). Desde el principio Dickens condena a Scrooge y nos recuerda que así puede terminar cualquiera que sea absorbido por la codicia. Este mensaje trasciende las barreras históricas de la obra.


2. Los fantasmas:

Algunos han catalogado esta obra como una historia de apariciones y espantos, y aunque no se la pueda  ubicar hoy en día entre los estantes de horror junto a Stephen King o Lovecraft, no hay que desconocer que algunos de los fantasmas de Canción de Navidad hasta dan un poco de pavor: arrastran cadenas, gimotean y enfrían el ambiente como cualquier otro espectro.

También estas apariciones sobrenaturales le recuerdan a uno los fantasmas de las obras de Shakespeare que regresan del inframundo con un fin muy concreto: para delatar, hacer advertencias o vaticinios (recuerden a los fantasmas de Hamlet o Mcbeth, por ejemplo). 

Pero en Canción de Navidad los fantasmas no son personajes secundarios o decorativos, son la esencia misma de la historia. Sin fantasmas, que desde mi punto de vista son tan solo otra forma de consciencia, no habría un cambio significativo para el personaje de Scrooge.


El fantasma de la navidad presente  recuerda a
San Nicolás o Papá Noel.
Cada fantasma representa un recorrido por nuestra trayectoria vital: el fantasma de las navidades pasadas, el del presente y del futuro. Cada uno toma una forma: el del pasado es un niño luminoso; el del presente un personaje bonachón tipo Papá Noel, y del futuro: la muerte y que es el que particularmente inspira más miedo. 

Me parece que con estos personajes Dickens anota otro punto: ¿quién al contemplar el árbol o poner los adornos no recuerda las navidades pasadas, las de su infancia o las de hace apenas algunos años? El pasado inevitablemente acude a nuestra memoria durante esta época de festejo. 

Al mismo tiempo, nos regodeamos con el presente inmediato, el que vivimos y en el que estamos llenos de deseos; y también pensamos en el futuro, es decir, cuando el fin se acerque... De tal manera que la navidad contiene y abarca estos tres tiempos (pasado, presente y futuro), y con estos espíritus que representan el tiempo vital, Dickens logra tocarnos de forma personal, logra cautivarnos y confrontarnos como lo hace con el protagonista.


3. El ambiente navideño: 


Escena de danza en Canción de Navidad
Para quienes compartimos la cultura occidental-cristiana, no hay necesidad de que nos expliquen la importancia simbólica y real de la Navidad. Si a Charles Dickens se le hubiera ocurrido ubicar esta historia en la época de vacaciones de verano o en la Pascua, creo que no hubiera tenido el mismo impacto. 

Al decir Navidad inmediatamente nos ponemos en sintonía con un estado de ánimo especial. Sí, muchos alegarán que la Navidad ha perdido el sentido y que ahora todo se reduce al consumismo (ha llegado navidad, es la hora de gastar...) y es posible que sea cierto; pero también hay un algo intangible y mágico sobre la Navidad y que no acertaría a traducirlo en palabras. Bien pueden asociarlo a lo religioso o espiritual, o sencillamente a una forma de estar y de relacionarnos con los demás. Como sea, en Canción de Navidad se explota ese ambiente festivo y de expectación, donde podemos reconciliarnos con la vida aunque solo sea por unas cuantas horas.



La importancia de festejar la Navidad se remonta a tiempos muy antiguos, épocas en que se esperaban grandes acontecimientos (bien fuera el solisticio de invierno o el nacimiento de un dios), de ahí su importancia aún en nuestros días. Para aclarar y extender un poco estas ideas les recomiendo el libro de Pepe Rodríguez: Mitos y ritos de la Navidad. Origen y significado de las celebraciones navideñas (1997), que nos permite comprender el poder que tiene esta celebración desde albores de la humanidad. Un libro, a parte de ameno, muy bien documentado.




Canción de Navidad en versión de los Muppets. 
Observen que la música siempre es un componente importante y emotivo en esta celebración. 


4. El mensaje moralista: 

Con el video anterior llegamos a la parte más sustanciosa de la obra y que no puede dejarse pasar por alto: el tema de la redención.

Para quienes hemos sido formados dentro de los valores del cristianismo (ojo que no estoy hablando de una religión concreta, sino de un sistema de valores y creencias del cual no es fácil sacudirse ya que se perpetúan a través de la cultura y la tradición), se hace natural que estemos de acuerdo con el mensaje de Canción de Navidad. Por supuesto, nos decimos, Scrooge debe volverse generoso, tiene que compartir su riqueza con los necesitados, debe ser justo, a Dios no le gustan los avaros, etc. 

Todas estos valores que se destacan en la obra, nos muestran que la sociedad no ha cambiado tanto desde los tiempos de Dickens. Pueda que las expresiones de bondad y caridad sean distintas, pero aún  sabemos lo que es deseable y rechazable dado que la moral cristiana así nos lo impone.  La obra recurre a un valor cristiano por excelencia que es el de la redención. Scrooge cambia, se vuelve generoso y justo, y en consecuencia encuentra la felicidad, el perdón, la recompensa aquí y se supone que en el cielo también. 

Claro está que todo esto de la "caridad cristiana" que redime suena muy bien en teoría. Dudo mucho que los ricos de Wall Street se hayan metido una mano en el bolsillo esta Navidad para ayudar a los damnificados de Sandy, en su propio país o, si lo hacen, firman un acuerdo para reducir impuestos. En fin, todo esto es para decir, que el mundo ha sido y sigue siendo un mundo desigual; Dickens ya lo sabía, sus contemporáneos lo sabían (o había que recordárselo), y por eso conviene el repetir el mensaje una vez más pero con otro envase. El moralismo de Dickens sigue siendo válido aunque no por eso deja de ser un poco cándido. Esa candidez nos permite soñar que todos los Scrooge del mundo también se redimirán y transformarán algún día.

5. En forma de Canción:


Esta obra, en mi opinión, más que una novela es un cuento largo muy entretenido. No solo podemos atribuirle su éxito a los aspectos que hemos mencionado antes sino a la artesanía con que está hecho. Con una estructura sencilla, capítulos que gozan de gran agilidad, imágenes vívidas, diálogos que tienen un impacto teatral, no cabe duda de que el escritor sabía ganarse a su audiencia. 

Desde su primera aparición Canción de Navidad fue un éxito. Es una especie de fábula cuyo argumento bien podría esbozarse en las estrofas de una canción y con la misma inmediatez y eficacia. 

Una observación: no deja de sorprenderme el título. A Chrismas Carol ha sido traducido muchas veces como Canción de Navidad o Un Cuento de Navidad. ¿Por qué no decir Villancico de Navidad? Porque al parecer carol, que significa villancico en inglés, también sirve para denominar otro tipo de canciones antiguas de carácter festivo y bailable. Es posible  -y estoy especulando-, que carol haga alusión a la escena de danza que hay en la obra. 

Para finalizar, lo curioso y hasta irónico es que Charles Dickens escribió esta obra para "ganar dinero". Sí, así como lo oyen. Por aquella época Charles estaba pasando por un mal momento económico -ya era padre de familia y con cuentas por pagar-, de tal manera que se "propuso" escribir algo que le diera una entrada. ¡Escribir por dinero! ¡Qué deshonra! Se pueden escandalizar los escritores más inclinados a conservar la dignidad de su arte; pues ya ven, hasta Dickens tuvo que hacerlo y no por ello se le puede juzgar. Las motivaciones por las que cada uno escribe son válidas para cada quien. 

Claro que agregaría que uno no escribe por una sola razón, sino por miles, y creo que esto también se aplica a Dickens.

Recomendación:

En todo caso, si no han leído Canción de Navidad pueden hacerlo para estas fechas. El clima frío y el espíritu festivo de estos días resultan un estímulo para ubicarse en el ambiente de la obra (acompañándose con una bebida caliente y bastante energética, harto mejor). Y si ya la leyeron pueden volver a hojearla pero esta vez con ojo crítico, detectando qué les gusta y qué no (no todo tiene por qué agradarle a uno). 

Hace un año que leí esta obra en una edición muy simpática, con varias notas sobre la vida del escritor y la sociedad de la época: Canción de Navidad de Charles Dickens, ilustrado por William Geldart y comentado por Suzanne Bosman. Madrid, Ediciones SM, 1999.

Y también acompañé esta lectura con el delicioso libro de Daniel Pool que se titula: What Jane Austen ate and Charles Dickens knew: from fox hunting to whist: the facts of daily life in nineteenth-century England[Lo que Jane Austen comió y Charles Dickens supo: de la cacería de zorros al juego de naipes: hechos de la vida diaria en la Inglaterra del siglo XIX] (New York: Simon & Schuster, 1993), que sirve para entender mejor el contexto histórico y cultural de la sociedad inglesa del siglo diecinueve y que sin duda recomiendo a nuestros ávidos lectores.


¡Feliz Navidad y Año Nuevo a todos los lectores de Armadillos Voladores! Y - como diría el pequeño Tim Cratchit- "qué Dios nos bendiga a todos y a cada uno!"


"Tiny Tim" o "Pequeño Tim", es decir Timothy Cratchit,
personaje secundario, pero que toca las fibras sensibles de los lectores
por su carácter dócil y por ser el más desvalido de la historia.


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